Desnudo a la luz de una vela

Ese extraño y bello momento en cuando dos personas se desnudan una frente a la otra. Es un momento de embarazo; de admitir que sosteníamos mentiras; que quizá aparentamos ser lo que no eramos; de no ser tan buenos como se insinuaba; el momento de tener que asestarle una puñalada a esa versión idealizada y falsa de nosotros mismos. En ese momento debemos también darle espacio a nuestras cicatrices, a nuestros defectos y debemos aceptarlos antes de ponerlos a la consideración de la otra persona.

Por eso no hay desnudo feo; existe una belleza moral en el acto de desnudarse que abraza cualquier defecto físico.

Y cuando dos personas se aceptan, primero a sí mismas, luego entre ellas y entonces sucede algo sublime. Algo que solo podemos entender si aceptamos que existe la magia. Es allí que se dan las pausas en la obra de la nada y el tigre es un jardín que juega. Allí es cuando se puede leer completa, de principio a fin, la historia del universo en las manchas de leopardo en piel del amado.

Aceptarnos tal y cual somos, sin aditivos conservantes ni edulcorantes es la cosa más liberadora que existe. Y quizá como sociedad esa deba ser nuestra próxima conquista. La libertad de la intimidad. Poderse mostrar desnudos a desconocidos sin ningún tipo de complejo o alteración del animo. Poder mirar personas desnudas para reconocer la belleza de la fragilidad y pundonor amalgamados.

Eso podría abrir posibilidades infinitas. De hecho intuyo que es la forma en como la humanidad podría alcanzar el infinito, acabando con una época de desesperanza.

No sólo lo veríamos en la arquitectura, de casas y edificios de cristal en donde nadie oculta nada. Y podrá la luz de la luna entrar a las habitaciones, para mostrarnos a nosotros, inocentes voyeristas, a sus soñadores temblando de frío bajo sus sabanas de estrellitas y duendes.

Hasta la guerra resultaría afectada. Campos de batallas de guerreros desnudos y vulnerables en donde se entenderá lo absurdo que es la debilidad de la carne frente al metal, y los enemigos finalmente opten por reconocerse vulnerables, pero humanos sobre todas las cosas. Y ante tal reconocimiento nuestras ideas de dios y la patria, erosionadas por los ríos de sangre que fluyeron desde épocas inmemoriales, quedarían abandonadas a su suerte mientras como hermanos nos abrazamos bajo un nuevo sol.

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Este es el primer post que les escribo desde la clandestinidad.

Nunca imaginé lo vibrante que puede ser la vida rompiendo paradigmas. Creo que no existe nada más satisfactorio en el mundo que esto. De hecho estoy convencido que el sentido espiritual más profundo del universo está en el romper paradigmas. El universo mejora a un orden más perfecto cada vez que un paradigma cae.

Romper paradigmas esta asociado a aprender ver el mundo desde nuevas perspectivas. Eso equivale a decir a crear mundos nuevos con solo cambiar el punto desde el cual lo vemos. ¿Qué fácil suena verdad? Pero si es así de fácil, ¿por qué el mundo tarda tanto en cambiar a un mundo en el que todos estemos felices? Quizá es porque todos estamos demasiado concentrados en ver el mundo a nuestra manera única y personal.

No quiero caer en el lugar común de pedirles que intentemos ver el mundo desde un único punto. Eso suena a algo bastante peligroso y que seguramente ya lo propusieron los grandes totalitaristas de la humanidad.

Mi invitación en este blog es a que me lean y me acompañen en mi periplo no para cambiar el mundo, sino para cambiar mi mundo.

Mi nombre es Germán Lugo y vivo (clandestinamente) en Italia.

Y les aseguro que adoro mi vida.